lunes, 8 de noviembre de 2010

HISTORIA DE UN VIAJE. La llegada

24/09/2010


Son las 03.00 de la madrugada, del viernes 24 de septiembre. Me acabo de despertar porque oigo que el conductor se ha equivocado de salida para ir al aeropuerto, aún así llegamos con tiempo de sobra para poder facturar y pasar los diversos controles antes de embarcar. No es que haya dormido mucho durante el viaje hasta Madrid, pero teniendo en cuenta que nos quedan unas 24 horas de viaje se agradece haber dormido algo. Bajamos las cajas del autobús, más las maletas individuales, más las mochilas. Cada uno de los 22 viajeros lleva un carrito con 3 bultos mínimo, veremos a ver como acaba esto, seguro que alguna se pierde por el camino. Nos ponemos en el mostrador, que hasta las 05.00 no abrirá ya que el avión sale a las 06.45 h. Dos horas de espera hasta facturar, algunos tirados en el suelo, otros van al baño, otros a tomarse un café, vamos a necesitar unos cuantos cafés a lo largo del día, pues nos quedan 2 aviones y un autobús hasta Yaoundé y mañana otro autobús hasta Bengbis.

Las 2 horas pasan rápido y los últimos minutos antes de que abran el mostrador de facturación todavía más. Falta una persona que lleva 7 pasaportes. Nerviosismo, llamadas de teléfono, parece ser que han pinchado y ahora tienen que buscar un taxi para llegar. Empezamos a facturar, mientras llegan los 7 pasaportes. 60 bultos en total más 23 equipajes de mano. La chica nos mira con cara de pocos amigos, seguro que piensa que no ha podido tener peor suerte. Los viajeros que han llegado detrás nuestro no dan crédito, puede pasar una hora hasta que les dejemos facturar. Ahora mismo nos estarán maldiciendo, menos mal que como faltan 7 pasaportes tenemos que dejar que facturen algunos hasta que llegue la persona que los lleva, porque seguro que alguno ya está pensando en cómo librarse de nosotros. Por fin ha llegado la persona que faltaba, en realidad son 2, son de Zerca y Lejos y nos van a acompañar durante el viaje. La chica, Ángela, se quedará allí para ocuparse del post-operatorio. José Luis, es el que se ha encargado de los pasaportes y volverá con nosotros. En el último momento nos ponen problemas para la facturación. El trato que habíamos hecho con la agencia de viajes parece que no lo contemplan aquí. La chica estará harta pero nosotros lo estamos más ya que podríamos haber facturado tranquila y rápidamente y se está convirtiendo en una tarea colosal, casi una odisea ya que no paran de ponernos obstáculos: que si ahora son 6 kg de equipaje de mano y nos cobran 4 de más, ahora son 8 kg pero a nosotros nos habían dicho 10 kg, y lo mismo con el equipaje para facturar. Por último nos dicen que tenemos que encargarnos nosotros de llevar las cajas a otra zona de equipaje, veremos como acaba esto.

Mientras se factura se hacen grupos para tomar café, y no tenemos más suerte con el camarero que con la chica de facturación. Hoy parece que todo el mundo se ha levantado con mal pie, con lo poco que cuesta poner una sonrisa en tu día.

En los controles no hay ningún problema, excepto que pierdo un pendiente, espero que no sea un mal augurio. La parte positiva es que al subir al avión encuentro un rotulador permanente, quizás me sea de más utilidad que un pendiente.

La llegada a Bruselas es algo caótica ya que tenemos 45 minutos antes de embarcar y todavía tenemos que pasar algunos controles. Además necesitamos, el segundo café del día y eso que solo son las diez de la mañana, aunque todavía no se nota el cansancio. En un par de horas seguro que ya estamos todos deshechos. Respecto a mí, todo me parece más real que al principio, en unas horas estaré en África. El año pasado me quedé en puertas y este año hasta el último momento no sabía si me iría o no. Todavía tengo la sensación de que es un sueño pero que está haciéndose realidad. A ver cómo va todo.

El avión de Bruselas a Yaoundé es enorme, nunca había montado en uno tan grande, ¡con bastante espacio para mis piernas! ¡Puedo estirarlas un poco! Podría tener más espacio pero comparado con otras compañías o con la misma pero volando desde Madrid, mejor no me quejo. Tenemos almohada, manta, comida. También nos van a poner dos películas, aunque los idiomas son inglés, francés, alemán y ¡portugués!....y ¡los subtítulos en italiano! Me pregunto por qué habrán elegido el portugués, si creo que el español o el italiano lo habla más gente.

Todavía nos quedan 6 horas de viaje. Llegaremos sobre las 17.00 h., ya que hay una hora menos que en España (aunque creo que está en la misma franja horaria, quizás allí no adelanten los relojes en verano). Ahora nos pondrán la comida y espero poder dormir un poco porque las 6 horas se pueden hacer eternas.

¡Qué bonito!, José ha encontrado un anillo, se lo ha dicho a los auxiliares de vuelo y una chica ha dicho que era suyo, y José se lo ha dado como si le estuviera pidiendo matrimonio. A ella se le han saltado las lágrimas, creo que era un objeto muy valioso.

Hemos llegado a Yaoundé a las cinco menos diez de la tarde. Creo que hace escala en Yaoundé y luego va a otro sitio ya que mucha gente se queda en él. Así que vamos bajando poco a poco y de repente…¡ya empiezo a liarla! Me he dejado el bolso en el asiento. Doy media vuelta. ¡Menos mal que estaba a mitad del avión y no fuera! Voy corriendo porque nadie sabe que he dado media vuelta y nos habían dicho que no nos separáramos. El señor que estaba detrás de mí, se ha dado cuenta de que he dejado el bolso y se lo iba a dar a los auxiliares de vuelo, pero en ese momento he llegado yo y me lo ha dado. ¡Qué majo! Salgo corriendo antes de que cierren las puertas del avión y me dirijo con el resto a por el equipaje.

Empiezan a salir maletas y todo es algo anárquico. Nos dividimos en dos grupos pero cada uno va a su ritmo, además parece que faltan cajas. Las contamos varias veces pero no nos aclaramos de las cajas que son. Menos mal que al final alguien pone un poco de orden. Vamos a ir mirando el nº de facturación para saber las que faltan. Finalmente solo faltan 14 cajas, con material principalmente. Parece que van a poner una reclamación colectiva, y como muy tarde el martes estarán aquí. Menos mal que las cajas con el instrumental están, porque si no, no se podría empezar.

Con todo este lío, hemos conseguido salir del aeropuerto sin que haya ningún porteador. Cargamos todo en los jeeps y nos dirigimos hacia Yaoundé. Esta atardeciendo y en el cielo conviven los distintos tonos de azul con tonos rosados. El paisaje es precioso.

Cuando llegamos a la ciudad ya ha anochecido y son solo las cinco y pico. Hay mucho tráfico, ríos y ríos de coches sin ningún tipo de control. Se ven muchas casitas a la orilla de la carretera, parecen bares, peluquerías, etc y mucha gente también. Creo que hemos pillado el río de coches que está trabado, no hay manera de que el jeep se mueva. De repente nuestro conductor se cambia al carril contrario y empieza a adelantar. ¡Qué disparate! Sigue por el carril contrario. No se cambia de carril hasta que se encuentra de frente con un autobús y para eso lo tienen que dejar meterse a su carril, porque como no lo dejen, ni pasa el autobús ni el jeep. Finalmente alguien le deja pasar, o quizás se haya colado, pero nosotros podemos seguir y el autobús también. Aquí la DGT, se pondría las botas: lo del jeep, ahora veo a 3 en una moto, 5 en la parte de atrás de un coche.

Se ve mucha vida, algo normal, es la capital. Las chicas van muy arregladas. Es interesante, la mayoría de chicas llevan peluca, algunas van con el pelo lleno de trenzas. Es una sensación extraña, es como muy occidental sin llegar a serlo. Hay un montón de puestos callejeros de comida. Acabamos de pasar por el centro de salud.

¡Un concesionario Toyota! Y ahora vemos a la policía. Dan miedo. Parecen militares, aunque seguramente lo parecen porque lo son.

De los 3 jeeps, el nuestro jeep llega el primero al hotel, no me extraña, con el super-adelantamiento que hemos hecho. El resto va llegando poco a poco. Hacemos la inscripción y vamos a las habitaciones, aunque para variar el caos siempre va con nosotros y mi habitación y la de mi hermana también se la han dado a otras compañeras. A ver si nos aclaramos.

Las habitaciones son bonitas y tienen cierto encanto, y en el cuarto de baño tienen gel, champú y…¡condones! Deberían aprender los hoteles españoles. Tenemos que darnos prisa, ya que nos esperan en el vestíbulo. Nos van a llevar a cenar a un sitio “típico, típico”. Una vez en el vestíbulo, mientras esperamos a que llegue todo el mundo, pedimos algunas cervezas. La botella de cerveza es de 650 cl, el paraíso de Homer y los cerveceros. Cuando por fin estamos todos nos dirigimos al restaurante. En los jeeps se nota la euforia de la llegada. Risas, canciones, todo el mundo está muy exaltado, por fin estamos en Camerún y no nos podemos controlar. Las cámaras no dejan descansar los flashes, no se quieren perder ni un segundo de este viaje, no saben si volverán o no.

El restaurante es una terraza, donde tienes un puesto con pollos. Una vez entras tienes un pasillo limitado por unas barras donde tienen el pescado antes y después de hecho, y vas viendo como lo hacen. Si sigues para dentro tienes algunas mesas.Al fondo se ve una sala con luces de colores, ¿una discoteca o pub? La cena esta riquísima, pollo y pescado, todo a la brasa, con un poco de sal. Los trozos de pollo apenas los he probado porque somos tantos que los platos se quedan en la mitad de la mesa. Hemos pedido que no se olviden del final de la mesa, y ahora todo nos llega a nosotros primero. Han puesto 4 tipos distintos de pescado, uno era un pescado plano, otro parecía de roca, pero así tostaícos no sé diferenciarlos, además no conozco la fauna piscícola de esta zona. Lo más divertido de la noche es que por supuesto todo se come con las manos. Otra cosa típica que nos han puesto en la cena es el plátano frito. Después de la cena y las cervezas tenemos que ir al baño. Para ello tienes que llegar a donde estaban las luces de colores y bajar por unas escaleras a la derecha. Da un poco de miedo así que bajamos acompañados. Sólo una persona no ha ido acompañada y se ha equivocado de sitio y al final no ha ido al aseo, y otros prefieren ir en el hotel.

Volvemos al hotel, la euforia que teníamos no ha hecho más que aumentar durante la cena, pero mañana nos espera otro largo viaje hacia Bengbis y la extenuación empieza a invadir nuestro cuerpo.

Mañana será otro día.



Cena Benéfica Cirugía Solidaria

El pasado viernes celebramos nuestra cena benéfica anual. Agradecer a todos los colaboradores de la cena y a todos los asistentes su presenc...