domingo, 17 de octubre de 2010

HISTORIA DE UN VIAJE

23/09/2010

Suena el timbre. ¡Abre tú! ¡Tranquilos voy yo! se oye. ¡Pasad, pasad! Llegan las 2 primeras personas. El inicio parece tranquilo mas en unos minutos el timbre sonará cada segundo. La llegada de los viajeros y familiares cada vez se complica más, el grupo más pequeño es de 2 personas pero se van uniendo los grupos antes de entrar como una bola de nieve que conforme va rodando se va haciendo cada vez más y más grande. Mientras que se atiende a los recién llegados, vuelve a sonar el timbre, las mismas voces, las mismas frases pero en cuanto se cierra la puerta vuelve a sonar el timbre. La tranquilidad del principio era solo una ilusión, ahora no va a haber tranquilidad hasta que nos montemos en el autobús.

Media hora entrando gente a la casa, ya hay más de 25 personas. Los mismos rostros de siempre y muchos rostros nuevos. Se oyen risas, muchas historias, el nerviosismo general se nota en el ambiente. Sin embargo para mí todo sucede como en una película, todavía no me creo que me vaya y todos esos rostros y esas sensaciones van pasando alrededor mío como en una nube, la sensación de tranquilidad que tengo no es normal, quizás sea otra forma de nerviosismo enmascarada. Tras sacar algo para picar, algunos dulces y algo de cava para que todo entre mejor, llega la hora de cargar las cajas que quedan por llevarnos. Cada caja pesa unos 23 kg. Hay que llevarlas al ayuntamiento del pueblo, un poco lejos para transportarlas a mano. Finalmente se decide que mejor llevarlas en coches hasta el autobús, aunque algunos valientes se atreven a llevarlas a mano.

Tras las últimas cajas cargadas, vuelta a la casa, fotos de grupo y despedidas con la esperanza de que en 17 días esas despedidas se conviertan en bienvenidas.

Yo empiezo el viaje sin saber cuál va a ser mi trabajo específico, en la foto ya se ve, soy la que desentona, el bicho raro que no sabe si se acoplará o no pero que espera poder ser de utilidad. Una vez en el autobús el viaje va tomando más cuerpo, ahora ya me parece real.

Antes de llegar a Madrid, se hace otra parada, Albacete, donde recogemos al último viajero del grupo. También se aprovecha para descansar y cenar, aunque desde que salimos de Alguazas, no hemos parado de picotear y sacar cosas para comer. Supongo que son los nervios que hacen que en cualquier momento te apetezca comer. Una vez todos en el autobús, risas, comentarios, y poco a poco la gente intenta ponerse cómoda para poder dormir. Se hará lo que se pueda, ya que la comodidad del autobús para este tipo de viajes es bastante cuestionable. Intentaremos dormir algo porque el viaje va a ser larguísimo.

Hasta mañana.








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